El verano se vestía
de versos terminales,
transcurría el tiempo
inyectado de otoños,
Veintiuno de junio,
dieciocho treinta y ocho...
Y ciento seis mil
setecientos dos minutos después
era entonces
tras un verano en blanco
sin brisas yodadas
ni luces cálidas,
sin paseos dorados
de caderas conjugadas.

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